ARQUITECTURA SOSTENIBLE

Un espacio para la creatividad bajo cubierta de madera y paja

La Escuela nueva esperanza en Manabí necesitaba un espacio complementario en el que los niños pudiesen desarrollar su creatividad individualmente, una plataforma de “despegue” hacia aquellas actividades que les apasionen. Nada mejor que una nave abierta construida por la propia comunidad con los materiales del entorno, entusiasmo, lógica constructiva y métodos sostenibles.

Un espacio para la creatividad bajo cubierta de madera y pajaNave complementaria a Escuela Buena Esperanza / © AL BORDE

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La Escuela nueva esperanza en Manabí necesitaba un espacio complementario en el que los niños pudiesen desarrollar su creatividad individualmente, una plataforma de “despegue” hacia aquellas actividades que les apasionen. Nada mejor que una nave abierta construida por la propia comunidad con los materiales del entorno, entusiasmo, lógica constructiva y métodos sostenibles.

En la comunidad de Puerto Cabuyal en Manabí, Ecuador, la vida es sencilla, el mar y la tierra los proveen de los alimentos que necesitan y los árboles del bosque la materia prima para construir sus hogares. Viven sin luz eléctrica, sin alcantarillado y sin agua potable. No existe la propiedad privada, no usan dinero, ni tienen empleo ni profesión, no miden el tiempo. Buscan progresar, para ellos el progreso se consigue a través del enriquecimiento personal, de la posibilidad de compartir.

Se trataba de resolver las necesidades con los recursos que tenían a su disposición, mente, manos y materiales del entorno. Sin herramientas para una medición exhaustiva, en un terreno de límites difusos, con mano de obra hábil y fuerte. El diseño y las decisiones se tomaban a pie de obra.

En este proyecto se embarcó con mucho entusiasmo el estudio de arquitectura AL BORDE, formado por los arquitectos David Barragán, Pascual Gangotena, Marialuisa Borja y Esteban Benavides. Durante la construcción de la nave, que duró una semana, cada persona encontró cuál era su lugar en el proyecto.

Cada uno se dedicó a la tarea que le era más grata de modo que casi inconscientemente se especializó en ella perfeccionando su técnica, este desarrollo optimiza el trabajo conjunto y enriquece a la comunidad ya que se es capaz de transferir este conocimiento adquirido a otros miembros. La meta no sólo es terminar el edificio sino establecer unas bases de lógica constructiva para que ellos por sí mismos puedan continuar con su ejecución o incluso proyectar y desarrollar nuevas naves atendiendo a sus necesidades.

Los arquitectos tenían claro que conseguido este objetivo las obras podían o no concluir en el tiempo previsto, no era importante, ya que la comunidad podía hacerse cargo por ella misma. Se concluyó.

Los mismos materiales del entorno habituales en las casas de los miembros de la comunidad construyeron la nave, estructura de palos de madera, cañas y cubierta tejida con paja toquilla.

El espacio pronto se habitó, las actividades que iban a desarrollarse en su interior terminaron de definir el lugar. El almacenaje quedó suspendido de la cubierta, de modo que no existe interferencia entre exterior e interior, los límites habitables quedan difusos.

 

Constructor: AL BORDE + Voluntarios + Comunidad

Diseño: 2011. Construcción: 2011

Superficie de construcción: 140m2 aprox.

Presupuesto: US$ 700 más todo el aporte en material de la comunidad y la mano de obra de voluntarios y comunidad

 

© Fotos Francisco Suarez, Esteban Cadena, Sebastián Melo, Andrea Vargas, Grace Pozo y AL BORDE

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