GRANDES DESPACHOS

Un barco a la deriva: Foro Internacional de Tokio, de Rafael Viñoly

La obra más significativa del despacho Rafael Viñoly Architects es el Foro Internacional de Tokio, cuyo perfil destaca, dentro del skyline de la ciudad, gracias a su forma de casco de barco suspendido en el interior de un volumen lenticular de vidrio.

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La obra más significativa del despacho Rafael Viñoly Architects es el Foro Internacional de Tokio, cuyo perfil destaca, dentro del skyline de la ciudad, gracias a su forma de casco de barco suspendido en el interior de un volumen lenticular de vidrio.

El arquitecto uruguayo Rafael Viñoly se estableció en Nueva York en 1979, fundando el estudio Rafael Viñoly Architects. Su larga trayectoria, no exenta de polémica como en la torre 20 Fenchurch Street (apodada Walkie Talkie) en Londres, se ha centrado, fundamentalmente, en la obra pública. El proyecto más singular del despacho es el Foro Internacional de Tokio, finalizado en 1996.

En el solar donde se ubicaba la antigua sede del Gobierno Metropolitano de Tokio, próximo al distrito de Ginza, se convocó, en 1989, un concurso internacional para la resolución de un complejo cívico, cultural y comercial.

El proyecto tuvo que dar respuesta a un programa amplísimo, que incluía salas para convenciones, conferencias y exposiciones, espacios para ferias comerciales, eventos, recepciones y reuniones de negocios, salas de actividades culturales, música, danza, cine y teatro, y espacios municipales.

La implantación estaba condicionada por la curvatura del borde marcado por la línea de alta velocidad Shinkansen, el conocido como “tren bala”, así como, la necesidad de conexión peatonal con las dos estaciones próximas, la de Yūrakuchō y la Estación Central.

La propuesta ganadora de Rafael Viñoly Architects, de un total de 395 presentadas, sacó partido de todos esos condicionantes, planteando una gran sala acristalada de 228 metros de largo y 60 metros de altura, que duplica el límite curvo de la parcela dando lugar a una forma lenticular, completamente acristalada, que funciona como un gran vestíbulo de conexión entre las distintas salas.

El atrio, de una dimensión impresionante, se cubre con una estructura de arcos, consiguiendo una forma que recuerda el casco de un barco, apoyada únicamente en dos soportes. Los muros cortina laterales se diseñaron para permitir la máxima transparencia, generando la sensación de que la cubierta, suspendida en el aire, flota sobre nuestras cabezas.

La gran sala de cristal se convierte en el eje de comunicación que une los distintos espacios entre sí, conecta ámbitos diferentes y favorece la circulación de los ciudadanos, potenciando el movimiento peatonal y la conexión con los nodos próximos de transporte.

Las salas culturales se concentran a lo largo del lateral más regular de la parcela, dispuestas como cuatro espacios multifuncionales independientes, de volumen cúbico y tamaños diferentes, que se ordenan en una gradación de mayor a menor para adaptarse a la dimensión del perímetro. Los vestíbulos de acceso se disponen por debajo de las salas, configurados como bandejas colgadas de cada una de las estructuras.

En los prismas se desarrollan un auditorio con capacidad para 5000 personas, un espacio flexible que da cabida a 3000 personas, una sala de conciertos con 1500 asientos o un espacio escénico con un aforo de 600 espectadores.

La actuación se completó con la definición de una plaza, un espacio público exterior de relación y conexión peatonal, desde el que se accede a restaurantes, comercios, galerías de arte o, incluso, una biblioteca. Se trata de una arteria verde, ubicada en el corazón del complejo, que ayuda al tránsito de viandantes hacia las estaciones próximas.

Bajo la plaza, se desarrolla un gran recinto comercial y de restauración, dominado por la presencia de enormes soportes, cada uno de ellos generado mediante la agrupación de cuatro pilares inclinados. Desde esa calle interior, que también sirve como sala de exposiciones, se accede, igualmente, a la red de metro.

Una de las piezas más llamativas de toda la actuación ha sido la marquesina de acceso a la estación de Yūrakuchō. El caparazón de vidrio y acero que cubre la entrada tiene unas dimensiones de 5x10’5 m. La estructura en voladizo aporta un punto glamuroso y elegante a una sencilla estación de metro.

El Foro Internacional de Tokio se ha convertido en un elemento singular de la ciudad, especialmente de noche, cuando, gracias a la iluminación, se desmaterializa su arquitectura, desapareciendo la envolvente, para dejar flotando un gran barco sobre el skyline de la metrópolis.

Fotografías de Rafael Viñoly Architects

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