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Este poblado celta fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1.913. Pero hasta los años noventa no se puso fin a su abandono.


 





La historia de este asentamiento se remonta a más de 2.000 años. Según los últimos estudios realizados, los primeros habitantes datan del siglo IV a. C., pero se sabe que tuvo una ocupación continuada entre los siglos I a. C. al I d. C., y a partir de ese momento comenzó un lento proceso de abandono.





Es visitable solo la zona septentrional excavada en los años 80 y algunas construcciones de la zona más alta del monte, aunque se cree que el poblado llegó a cubrir toda la montaña (unas 20 hectáreas) y llegó a tener una población de entre 3.500 a 5.000 personas.





Está delimitado por una sencilla muralla que acoge una extensión de terreno con unos ejes máximos de 700 metros (norte-sur) y 300 metros (este-oeste). 





La visión actual que se tiene del yacimiento está supeditada a las sistemáticas empleadas en su estudio arqueológico, el bajo porcentaje de terreno excavado y a los destrozos que tuvieron lugar desde su descubrimiento (carretera, construcciones en la cumbre, reforestación, etc.).





Se tiene constancia que en 1.862 se encontraron algunos restos y pocos años después algunos escritos sobre este poblado, pero no es hasta el año 1.913 cuando se empieza a excavar y a realizar los primeros estudios arqueológicos de la zona. Fuese declarado Monumento Histórico Artístico Nacional.





A finales de los noventa es cuando la Xunta tomó cartas en el asunto y puso fin a esta falta de interés y abandono, realizando nuevos trabajos arqueológicos y dotando de protección a todo el monte.





Los dos castros que quedan con las paredes y techos aun en pie, han sido reconstruidos a imagen y semejanza de cómo eran en la antigüedad.





Parece increíble que en esas construcciones circulares vivieran familias enteras alrededor del fuego, cuando el tamaño podía variar entre los 2 y 6 metros de diámetro.





El grosor de sus paredes suele ser bastante uniforme, sobre 40 cm de media, y con un mejor acabado cara al exterior. La gran mayoría son de pequeñas dimensiones.







En relación al sistema de techado la teoría tradicional que defiende una cobertura con tejado cónico sustentado por un poste central no se encuentra sustentada por los hallazgos arqueológicos. Pero si se tiene constatado el uso de materiales vegetales para su cubrición, reforzados por cuerdas tensadas por lajas perforadas (pesas) que colgarían del límite.





Estas construcciones se adaptan al terreno con ayuda de pequeños muretes en terrazas que delimitan el espacio.





El urbanismo del yacimiento incluye una compleja red de canales de evacuación de las aguas pluviales situadas bajo los pavimentos y llanos, y en ocasiones en la superficie, esculpidas sobre la roca base y cubiertas con losas. En ocasiones estas aguas se canalizan cara a aljibes excavados en la roca.





Esta ordenación interna del espacio aparece condicionada por la muralla, posiblemente sería el  primer elemento en ser levantado.





Un pequeño museo de arqueología, donde fueron trasladadas las piezas que se han ido encontrando en las excavaciones (cerámica, brazaletes, puñales, cuencas de vidrio, etc…) completa  la zona del poblado celta.



 



 



 



Imágenes: ©Pomarlo, Hanway, www.elmundo.es, www.spain.info, www.charmeblog.com, www.celticahispana.com, españaescultura

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