RELATOS DE ARQUITECTOS

Relatos de arquitectos: El poeta (II)

RELATOS DE ARQUITECTOS,  es una nueva serie de textos  compuestos por nuestros colaboradores que vamos publicar los viernes, en entregas semanales. Inauguramos la sección con los Relatos de la colección ochoxocho del arquitecto Julio Gómez-Perretta. El primero de ellos, titulado EL POETA, hoy en su segunda entrega, está incluido dentro de la serie de OCHO RELATOS FANTASTICOS, que conforman una de las cuatro partes de la colección. Al final del articulo podeis encontrar en enlace con el Blog personal de Julio Gómez-Perretta donde encontar el texto entero y más relatos interesantes.

Relatos de arquitectos: El poeta (II)LOS JARDINES DE LUXEMBURGO

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RELATOS DE ARQUITECTOS,  es una nueva serie de textos  compuestos por nuestros colaboradores que vamos publicar los viernes, en entregas semanales. Inauguramos la sección con los Relatos de la colección ochoxocho del arquitecto Julio Gómez-Perretta. El primero de ellos, titulado EL POETA, hoy en su segunda entrega, está incluido dentro de la serie de OCHO RELATOS FANTASTICOS, que conforman una de las cuatro partes de la colección. Al final del articulo podeis encontrar en enlace con el Blog personal de Julio Gómez-Perretta donde encontar el texto entero y más relatos interesantes.

 

relatos arquitectos el poeta

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Entra sin aliento, afectado aún por los excesos de la noche, y abatido se sienta un momento en su banco preferido. No están las nurses, ni los niños que llenan con sus juegos y sus gritos alguna mañana insulsa y triste, y ahora todo es incierto, y los ojos le pesan y de pronto siente frió, mucho frío, y todo queda envuelto en un plomo derretido. Esta solo y tiembla.

 

 -¡Hola joven! ¿Qué le ocurre?  ¿Se encuentra bien? Esta usted titiritando.

 

  Jean Marie abre los ojos con esfuerzo y se encuentra cara a cara con un hombre, que ya es viejo, que le sonríe tiernamente  y le posa una mano sobre el hombro, con afecto.

 

 -¡Hola! No, no se preocupe, tan solo estoy descansando un poco, no he dormido bien y... ¡Vaya! Debo de tener muy mal aspecto, pero es algo pasajero, solo necesito recobrar algo de aliento. Ya me iba.

 -No lo haga todavía joven, descanse un poco más, ahora no puede seguir su camino. Le importa que me siente, gracias, aquí traigo un poco de pan recién hecho y este chocolate, tómelo primero.

 -Muy agradecido buen hombre, se lo voy a aceptar, no he comido nada desde anoche y...

 -No hace falta que me dé explicaciones, coma tranquilo.

  Los dos hombres permanecen en silencio, Jean Marie le mira agradecido y comienza a masticar aquel bollo caliente y tierno que todavía huele a horno,  mientras muerde extasiado el chocolate y por primera vez en la mañana suspira con alivio y un aroma que le llega de la infancia le arranca un suspiro.

 -No parece usted de aquí-comienza el viejo- aunque ese aspecto descuidado, de joven rebelde y bohemio, y si me permite algo sucio, es muy propio de Paris, pero ese acento...

  Jean Marie sonríe tímidamente y con la boca llena de su inesperado desayuno, apenas consigue responder mientras mastica.

  -Sí, ¿Lo ha notado? Es del sur, de la Provenza,  y aunque me esfuerzo en evitarlo y disimulo, me persigue y me delata, ¡Que remedio! Pero ¿No es idéntico al suyo?

  -Ja,ja ja. Se ha dado cuenta, sí, acabamos de llegar a Paris. Mi mujer y yo venimos a visitar a nuestra hija que vive aquí con su marido y mis tres nietos. La costumbre hace que me levante muy temprano y espero aquí en estos jardines, que conozco desde joven, a que acuda mi esposa con los niños. Nos quedamos con ellos mientras juegan y así liberamos a la madre algo de tiempo. Pero volvemos a casa ya muy pronto, que lejos del pueblo no sabemos vivir y yo sigo trabajando en mi taller, que soy carpintero  y escultor por afición y también pintor, pero no muy bueno. Me gusta Paris, desde luego, y siempre que venimos vuelvo a recorrerlo de arriba abajo, como la primera vez, y me pierdo por las callejuelas del Marais y bajo por el Sena hasta las Tullerias y mas allá hasta los Campos Elíseos. A veces incluso me llego hasta el bosque de Bolonia y entonces pierdo la noción del tiempo y cuando vuelvo a casa, mi mujer me espera enfurruñada. Pero ¡Ay amigo! Paris es Paris.

  -Sí, es verdad, ¡Que ciudad tan hermosa!  Pero hay días que la recorro y no la veo, momentos en los que todo se  me vuelve indiferente y se convierte tan solo en decorado, y de aquí no salgo-dice señalando a su cabeza-No puedo.

 -¡Amigo mío! Le comprendo. Eso es cuando usted esta ensimismado y hacia adentro. Entonces la vida le pasa justo al lado y  está solo en sus pensamientos, que a veces son turbios y negros.

 -Es la vida interior de un poeta, es así como fabricamos metáforas y versos, y como transformamos los intensos sentimientos en palabras que otros hombres pueden al fin degustar. Sin ese universo, que es a veces sufrimiento, no hay arte y no hay belleza.

 -Tiene usted razón joven, pero cuidado, a veces vivir y escribir sobre la vida son tareas incompatibles, y entonces hay peligro de que el poeta se olvide de lo primero y quede prisionero de ese espacio mental propio,  de ese universo enfermo. Y finalmente puede pensar  que eso, que solo está presente en su cabeza, es la propia vida y claro, entonces todo es pobre y triste... pero veo que ha disfrutado comiéndose el pan y el chocolate.

 -Sí-contestó Jean Marie sonriendo-me lo he comido todo, lo siento, le he dejado a usted sin desayuno.

  -No se preocupe joven, mi mujer traerá luego más. El chocolate lo hacemos nosotros ¿Le ha gustado?

 -¡Oh si! es excelente, mi madre también lo hacía de esa manera  y con ese toque de canela.

 -Bueno, pues ya ve que es usted capaz de disfrutar de algo tan pequeño y simple.

 -Sí, esas cosas no se piensan, también somos animales. Pero yo quería ser poeta y de los buenos, y mis maestros son aquellos que han apurado hasta el máximo la vida, y estrujado su consciencia, a veces con drogas, es cierto, pero para tener más profundas emociones y  encontrar las palabras apropiadas, como si ellos fueran sensibles instrumentos que sonaran armonías perfectas con la vibración del sentimiento. Yo no tengo nada que contar, ni sé cómo hacerlo, soy un fracasado...y ahora todo a mi alrededor es feo, y nada me importa, ni quiero seguir en este juego.

relatos arquitectos el poetaJean Marie se frota las manos, cabizbajo, mientras le sube otro suspiro por el cuerpo, y con el pie refrota el suelo sacando piedrecillas de la arena.

  -Amigo mío, le comprendo. Usted hace tiempo que ha huido de la vida y solo habita su mente solitaria y tiene una enfermedad que todo lo enturbia y  contamina, que se llama melancolía. Ha agotado usted su cuerpo y está a punto de hacerlo con el alma.

 -¿Una enfermedad? ¡Ojala abuelo! Yo creo lo contrario, éste es el estado real del ser humano, ésta es la lucidez que acompaña a los sabios, el despertar que nadie desea, la verdad que todos huyen, la imagen real del absurdo...y la desgana.

 -No ¡Caray! No corra usted tanto, es tan solo lo que le digo, es una enfermedad del alma cada vez más numerosa, cada vez más peligrosa. No está en los animales ni en los hombres del pasado y del presente que se ocupan en vivir, es fruto del ocio, del abandono. Suena mal, ya lo sé, es difícil de creer que algo tan sublime y digno como el arte de contar los sentimientos, pueda ser así tildado. Los que viven con pasión, los que luchan, los que aman de verdad, los que mueren dignamente, los que apuran todo esto de verdad, se van de aquí tranquilos y admirados de la vida. Porque toda ella, créame, no le cabe a usted en la cabeza. ¡Ah! Un mal de ricos ociosos, que antes afectaba solo a pocos y ahora se extiende casi a todos. Es solo eso, pero la cura no es fácil....

 

(sigue...el viernes que viene)

 

RELATO COMPLETO EN EL BLOG: http://deochoenocho.blogspot.com.es/

 

julio gomez perrettaAutor: Julio Gómez Perretta de Mateo

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