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Pozo de luz: Mount Herzl Memorial de Kimmel Eshkolot Architects

El estudio de Tel Aviv, Kimmel Eshkolot Architects, en colaboración con Kalush-Chechik Architects, ha construido en el Monte Herzl de Jerusalén, un monumento conmemorativo formalizado como una montaña de topografía artificial que esconde, en su interior, un gran pozo de luz.

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El estudio de Tel Aviv, Kimmel Eshkolot Architects, en colaboración con Kalush-Chechik Architects, ha construido en el Monte Herzl de Jerusalén, un monumento conmemorativo formalizado como una montaña de topografía artificial que esconde, en su interior, un gran pozo de luz.

 

 

El Cementerio Nacional Israelí se ubica en el Monte Herzl, una de las colinas de la ciudad de Jerusalén. Su nombre se debe al fundador del movimiento del sionismo, el húngaro Theodor Herzl (1860-1904), aunque también es conocida como Har Hazikarón, cuya traducción sería “Monte del Recuerdo”. En el cementerio se hayan enterrados Jefes de Estado, Presidentes del Parlamento (Knéset) y héroes de guerra.

La última edificación inaugurada es el Monumento Conmemorativo del Monte Herzl, que está dedicado a todos los soldados caídos por el país, diseñado por el estudio Kimmel Eshkolot Architects, en asociación con Kalush-Chechik Architects.

La idea del monumento parte de la creación de una topografía artificial, reproduciendo las curvas de nivel que generarían una colina, ubicada sobre la ladera del Monte Herzl. La integración en el lugar se consigue empleando el material pétreo del entorno, recurriendo a las canteras locales que suministran la piedra típica de las edificaciones de Jerusalén.

El monumento dialoga a través de su forma y textura con la topografía de su entorno, mientras se integra con la ciudad circundante gracias al material empleado. El volumen excavado conserva una temperatura estable en el interior, mientras el revestimiento pétreo, en color claro, protege de la radiación, obteniendo unas condiciones térmicas óptimas.

Tanto el propio monumento como el área donde se inserta, se moldean mediante curvas de nivel, modificando la topografía para obligar al visitante a introducirse, bajo ella, en el interior de la nueva colina artificial. Exteriormente, el volumen presenta una imagen escultórica definida por planos escalonados y líneas de sombra.

El carácter topográfico lleva al empleo de las formas onduladas y las líneas curvas a la hora de definir los espacios y los recorridos. La planta del monumento se plantea como una espiral de circulaciones, alrededor de un vacío elíptico, que asciende hasta materializarse al exterior.

La volumetría generada oculta en su interior un gran vacío para ceremonias, cubierto por un hiperboloide abierto hacia el cielo, alrededor del que se disponen rampas en espiral que recorren el espacio en toda su altura.

Los forjados y muros interiores dejan visto el hormigón, generando un espacio neutro que, a pesar de su carácter colectivo y ceremonial, busca la experimentación propia y personal. Un muro de piezas pétreas, con forma de ladrillo, nos guía en el recorrido, introduciéndonos en el corazón del monumento.

Este primer trayecto nos conduce hasta la gran sala de ceremonias, un espacio de congregación colectiva, de planta elíptica, cuyo volumen se ve rodeado por una piel ondulada que se eleva hacia el cielo. El espacio central es el punto de arranque de un nuevo recorrido, esta vez perimetral, que mediante un sistema de rampas nos conduce por el espacio generado entre el contenedor y la piel del vacío.

En este camino en espiral ascendente, el visitante se siente acompañado, nuevamente, por un muro de piezas prismáticas pétreas, similares a ladrillos. Sobre sus caras se han tallado los nombres de los soldados caídos por el estado, así como las fechas de sus defunciones.

El recorrido de 250 metros pretende convertirse en un camino de introspección y meditación. El ascenso progresivo, la evolución, la distancia y el tiempo se intuyen como metáforas del esfuerzo y los sacrificios en la formación del estado.

El espacio más simbólico es la gran sala central. Su envoltura ondulada se realiza con el mismo tipo de ladrillos pétreos, atornillados para conseguir delinear las formas curvas de las hiladas y, además, dejar sus juntas abiertas para permitir el paso de luz y aire a través de su aparejo.

El cuerpo central funciona como un pozo de luz al mostrar abierta su coronación. Desde el óculo de remate el espacio se ve inundado de luz natural, reduciendo considerablemente la necesidad de luz eléctrica durante las horas de sol. El carácter permeable de la piel introduce, igualmente, la luz en las galerías laterales.

La sensación de entrar en el interior de la tierra, de entrar al corazón de la montaña, a través de un corredor excavado, contrasta con la sensación de encontrarnos ante un espacio abierto, amplio y luminoso. Al mirar hacia arriba, percibimos el cielo sobre nosotros y la luz que se derrama por el muro calado. La reverberación de la luz, los contrastes con las sombras de los ladrillos y la variabilidad de los efectos lumínicos a lo largo del día, introducen connotaciones vibrantes y cambiantes.

La apertura superior no sólo mejora la iluminación sino que, además, favorece la aparición de un flujo de aire natural, expulsando hacia arriba el aire caliente, gracias al espaciado de las piezas prismáticas de la envoltura. En consecuencia, el edificio no necesita sistemas mecánicos de ventilación o aire acondicionado, minimizando el empleo de energía eléctrica, aproximándose a ser casi completamente sostenible.

La forma rotunda y sencilla del edificio, así como el carácter neutro, casi aséptico, del espacio, ceden todo el protagonismo a la luz. Una luz, de connotaciones simbólicas para cualquier religión, introducida en las entrañas de una tierra bíblica.

El Monumento Conmemorativo del Monte Herzl se suma a otras edificaciones singulares, ubicadas en el “Monte del Recuerdo” de Jerusalén, que buscan fijar el pasado en nuestra memoria, como el Museo del Holocausto Yad Vashem (2005) proyectado por el arquitecto Moshe Safdie. Como fue definido el monumento, se trata de “un proyecto de esperanza para tiempos de paz”.

Fotografías de Amit Geron

http://www.kimmel.co.il/

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1 Comentario
Imagen de Anónimo
Pozo de luz: Mount Herzl Memorial de Kimmel Eshkolot Architects

Un reto que pareciera ser fácil de ganar pero nadie lo ha hecho hasta ahora. Y es que el terraplanista español Fernando Martínez Gómez-Tejedor, incrementa 990.000 euros a la recompensa de 10.000 que dará el británico Howard George Stirrup a quién le pueda argumentar indiscutiblemente que nuestro planeta es esférico. El viernes 30 de marzo se realizará una conferencia exclusiva en el paseo de la Castellana en Madrid a las 17 horas.

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