EDITORIALES

La profesión de Arquitecto en la encrucijada

Estamos asistiendo desde hace años a un progresivo y terrible deterioro de la profesión de arquitecto, que no trasluce a la opinión pública porque la profesión carece de voz. Ni los Colegios profesionales territoriales, ni el propio Consejo Superior de Arquitectos de España están cumpliendo su misión de trasladar a la opinión pública la situación real de nuestra profesión, que es ya insostenible.

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Estamos asistiendo desde hace años a un progresivo y terrible deterioro de la profesión de arquitecto, que no trasluce a la opinión pública porque la profesión carece de voz. Ni los Colegios profesionales territoriales, ni el propio Consejo Superior de Arquitectos de España están cumpliendo su misión de trasladar a la opinión pública la situación real de nuestra profesión, que es ya insostenible.


Hay que asumir la crítica inicial que se nos hace desde la sociedad en el sentido de que fuimos un sector muy beneficiado en los momentos de bonanza económica, en los tiempos del llamado Boom de la construcción. 





Hay que decir que  España se dedicó a construir casas porque durante décadas nuestro país fue ineficaz, improductivo e incapaz de competir en un mundo global. Ese desastre nacional, que comenzó con la transición y explotó en el 2007, fue ni más ni menos que la acumulación de malas decisiones económicas. Sueldos excesivos, poco trabajo, poca investigación, nulo esfuerzo del conjunto de la sociedad, gasto desmesurado de las administraciones ( duplicadas y triplicadas por un sistema autonómico absurdo) etc. Fue todo eso lo que llevó a nuestro país a refugiarse en el ladrillo y no la locura contagiosa de los bancos. Es verdad que los bajos tipos de interés provocaron el desbocamiento del crédito y los españoles en masa nos endeudamos. Es lo que los economistas llaman el circulo vicioso.



A la sombra de esa patología económica los arquitectos hicimos nuestro agosto, es verdad. Hicimos casas para nadie, polideportivos infrautilizados, aeropuertos fantasmas...y nuestras Escuelas se llenaron de alumnos, de estudiantes vocacionales que ahora engrosan las listas de los parados, de los frustrados en trabajos impropios, o de los emigrantes.



Y así llegamos a la actualidad.



El primer problema es evidente: la profesión está sobredimensionada, es decir, hay mucha más oferta que demanda, y cada año el problema se agrava porque el ritmo de salida de estudiantes no disminuye. Es verdad que la construcción remontará hasta situarse a los niveles normales de un país como España, pero nunca se acercará a los momentos del boom, y si lo hiciera sería una muy mala noticia, pues volveríamos a la misma patología económica.





Seamos claros, es imposible sostener económicamente un despacho pequeño o mediano. La falta de trabajo y el exceso de oferta determina unos niveles de honorarios absurdos e insostenibles. No es posible desarrollar normalmente un proyecto digno con esos ingresos. Realizar un proyecto de vivienda unifamiliar por menos de 5.000 euros es claramente ruinoso.





Los gastos sociales de la Hermandad de Arquitectos o de la seguridad social están fuera de alcance para la mayoría de nuestros compañeros y es imposible aspirar a una jubilación digna. La mayoría de los arquitectos menores de cincuenta años se va a encontrar con jubilaciones miserables, por lo que sobrevivir hasta la edad media de 80 años va a ser una autentica aventura. Formaremos parte de los ancianos parias, o tendremos que seguir trabajando hasta el último día...en lo que sea.



Es imposible para cualquier despacho que no tenga garantizado un ritmo aceptable de trabajo comenzar a cotizar en la Hermandad y sobre todo, es una locura firmar proyectos en esas condiciones, teniendo que hacer frente a los gastos de las Aseguradoras, sobre todo de la propia de Asemás.





Pocos arquitectos hacen las cuentas de lo que cuesta, a lo largo de diez años, asegurar una obra. Desde luego, asegurar una vivienda unifamiliar durante diez años con unos honorarios de 5.000 euros es una auténtica ruina y un disparate.



Sumemos además el problema añadido de las demandas que nos están lloviendo a los arquitectos, promovidas a veces por abogados sin escrúpulos que hinchan artificialmente las reclamaciones para así sacar tajada personal, con el apoyo, en la mayoría de casos, de arquitectos  convertidos en peritos de dudosa moralidad. Son demandas juzgadas muchas veces por jueces con prejuicios que fallan a ojo, haciendo cábalas, con la coartada moral de que pagan las aseguradoras. ( No piensan que detrás de ellas estamos los profesionales con nuestras primas)



Además, en la mayoría de casos solo quedamos frente a la demanda los arquitectos y los aparejadores, pues los promotores y los constructores han desaparecido cuando surge el siniestro. Los jueces entonces fallan condenas solidarias por lo que nos toca responder también por  todos los demás actores. En resumen, los arquitectos estamos afrontando con nuestro dinero  toda la siniestralidad de la edificación en España, inflada además por abogados, peritos y jueces.



Esta situación está provocando que la mayoría de los arquitectos decidan no tener nada a su nombre, lo cual es verdaderamente terrible; pero es inevitable que sí se nos ocurre morirnos dejemos un auténtico caos a nuestros descendientes, que heredan nuestra responsabilidad civil.



Deberíamos estudiar la posibilidad de que pudiéramos asegurar cada obra, con un pago único al principio, como sucede en Francia. Allí es obligatorio asegurar cada obra, y se les exige también a los promotores y a los constructores, que ya no pueden esfumarse. Al ser obligatorio para todos los arquitectos, lo que hacen nuestros compañeros franceses es repercutir el coste de seguro al cliente, como un gasto más de la construcción. Eso nos liberaría del lastre económico y sicológico que supone el seguro decenal.



Ahora hay que sumar la dificultad que supone la aplicación del CTE ( Código técnico de la edificación) en nuestros proyectos, una normativa realizada con buenas intenciones por funcionarios que han pretendido elevar el proceso constructivo a la perfección angélica.



Todos sabemos las contradicciones normativas que contiene el CTE  y el nivel de exigencia que impone, que supondrá, si es que se cumplen rigurosamente las normas, un enorme encarecimiento de la construcción y  en consecuencia, de los precios finales de venta, cuando se vuelva a promover en España. Y no somos del todo conscientes de que estamos certificando con nuestra firma todo el cumplimiento de esas normas, que muchos promotores esquivan en la realidad, y que serán causa de un sinfín de demandas en el futuro.



Todos hemos experimentado lo que supone enfrentarse a las burocracias administrativas que controlan nuestros proyectos  sean municipales, autonómicas o estatales. Es evidente que ningún técnico de la administración tiene por que asumir las responsabilidades por un defecto de control en nuestros proyectos ( y más ahora con el CTE)  y  además, con los ajustes presupuestarios , cada vez son menos funcionarios y tienen más trabajo que realizar. Ellos están metidos en el mismo lío que nosotros, pero la consecuencia inevitable es que las concesiones de licencia se alargan y se alargan. Esto es otro obstáculo más para que surjan nuevos promotores y un freno por lo tanto a la recuperación económica.



Por último, los arquitectos también somos capaces de ponernos palos en las ruedas a nosotros mismos. Un ejemplo palmario lo tenemos en la COACV. En cada una de las provincias, Alicante Valencia y Castellón, se tiene un sistema de visado completamente diferente, es decir, no somos capaces de unificar los visados ni siquiera en la misma comunidad autónoma.  Este problema se agrava ya que en este momento los despachos están bajo mínimos de personal, no hay secretarias y los arquitectos deben de hacer de hombres orquesta, por lo que perder el tiempo adaptando visados diferentes es inaceptable.



Por todo esto, podemos decir, que la profesión está en una encrucijada muy difícil, que probablemente provocará la desaparición del despacho de arquitectos tradicional-de tamaño pequeño y mediano- que será sustituido por las grandes empresas de proyectos y obras, en las que seremos la mayoría de nosotros simplemente mileuristas.

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7 Comentarios
Imagen de Anónimo
La profesión de Arquitecto en la encrucijada

Estoy totalmente de acuerdo al 100% con el artículo. Esta profesión está en fase terminal tal y como la conocemos en España. Yo tengo 56 años y 28 de profesión. Empiezo a sentirme un privilegiado porque he podido desarrollarme profesionalmente de una forma normal desde 1986 hasta bien entrada la crisis. Pero me da mucha pena estos estudiantes que vienen saliendo desde el 2007 de las escuelas y no han podido hacer un solo proyecto en 7 años. Yo recuerdo como haciendo el fin de carrera ya tenía encargos para cuando acabara. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? Gracias a las redes sociales sigo teniendo contacto con los que fueron mis alumnos de Introducción a la Urbanística en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Gales en Málaga. La mayoría han logrado acabar sus carreras y han tenido que emigrar, Vietnam, China, Tailandia, algunos en Francia o Reino Unido, son los destinos de la mayoría. Los pocos que se han quedado en España son los que peor les va. Esto no tiene sentido alguno. Mi generación es evidente que no podremos jubilarnos a no ser que hayamos resuelto antaño nuestra estabilidad económica pero la mayoría de nosotros hemos perdido nuestras reservas en estos 7 años de cruce del desierto, y los que nos quedan.

Imagen de dmartin
La profesión de Arquitecto en la encrucijada

#1 Gracias Juan Carlos. En el fondo confiamos en que sabremos reinventarnos como profesionales y esperamos que una mejora general en la situación económica nos permita alcanzar algo de estabilidad.

Estoy totalmente de acuerdo al 100% con el artículo. Esta profesión está en fase terminal tal y como la conocemos en España. Yo tengo 56 años y 28 de profesión. Empiezo a sentirme un privilegiado porque he podido desarrollarme profesionalmente de una forma normal desde 1986 hasta bien entrada la crisis. Pero me da mucha pena estos estudiantes que vienen saliendo desde el 2007 de las escuelas y no han podido hacer un solo proyecto en 7 años. Yo recuerdo como haciendo el fin de carrera ya tenía encargos para cuando acabara. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? Gracias a las redes sociales sigo teniendo contacto con los que fueron mis alumnos de Introducción a la Urbanística en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Gales en Málaga. La mayoría han logrado acabar sus carreras y han tenido que emigrar, Vietnam, China, Tailandia, algunos en Francia o Reino Unido, son los destinos de la mayoría. Los pocos que se han quedado en España son los que peor les va. Esto no tiene sentido alguno. Mi generación es evidente que no podremos jubilarnos a no ser que hayamos resuelto antaño nuestra estabilidad económica pero la mayoría de nosotros hemos perdido nuestras reservas en estos 7 años de cruce del desierto, y los que nos quedan.

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No es necesario. Está todo dicho y bien dicho. ¡Bravo!

Imagen de Anónimo
La profesión de Arquitecto en la encrucijada

Al leer el artículo presente, he recordado todo lo sucedido desde que comencé la carrera. Y de ahí la propuesta de repensar, para evitar que quienes nos sucedan recaigan en los mismos errores.

1)A mi juicio, nuestro problema profesional arranca con la aprobación de la "Ley de Reforma de las Enseñanzas Técnicas", aprobada hacia 1964 con el único fin de aparentar una sociedad tecnificada y para la cual fueron creadas titulaciones fantasmas que iban a suponernos una competencia desleal. Nadie se opuso, en unos momentos de cierta ilusión paneuropea. Pero basta comparar los ratios arquitecto/población, no sólo con nuestro entorno inmediato sino incluso a nivel mundial, para darse cuenta del fenómeno inducido, sin perjuicio de otros inputs que ahora no vienen al caso.

2) Desde mi ya lejana colegiación (1970) he mantenido el criterio por el que los Colegios debían olvidarse de la defensa de la sociedad y limitarse a la de sus colegiados, al modo que venían y vienen practicando los sindicatos y patronales con sus afiliados, con total independencia de la sociedad en la que se incardinan e inmunidad frente a sus actuaciones.

3)También anuncié el error que para mi suponía la creación de una aseguradora destinada a cubrir exclusivamente el riesgo de un colectivo reducido, gravemente penalizado y, por ende, rechazado por el propio sector, sin atender a los principios mínimos de la prudencia que exigían una amplia cartera de inscritos, unos riesgos admisibles, temporales y ponderados, junto a la máxima diversificación de los mismos, para evitar lo que ha venido en denominarse alta concentración de riesgos. Pero en el país del "Que inventen ellos!" lo cierto es que ni siquiera hemos sabido copiar de ellos.

4) Tras la aprobación de la LOE y del subsiguiente CTE decidí, contra la opinión mayoritaria de los colegas y las críticas de pesimismo que me vertieron, dejar de proyectar confiando que la inercia en la terminación de los trabajos en curso al amparo de los regímenes transitorios, coincidiría temporalmente con mi ya próxima jubilación. Estaba convencido de la crisis que se avecinaba (pero que no asumí, a pesar de abandonar sectores tan importantes como la Tasación)se agravaría con los incrementos de los costes de producción de obra nueva bajo el nuevos régimen de la LOE-CTE y que estimaba, de forma intuitiva en un 20-30% de los habituales al momento, al tiempo que el Ministerio divulgaba análisis que intentaban justificarlos en unos incrementos inferiores al 1%. Todos ellos (sobretitulación, sobrevaloración, sobreproducción y sobrecostes futuros), fueron los catalizadores de una crisis anunciada que nadie quiso reconocer, y que se atribuye al exitoso desarrollo económico, a la demografía de importación y a una burbuja financiera o inmobiliaria, según quien la analice.

5) Peor que la burocracia a la que se refiere el colega Julio Gómez es la dispersión de la normativa en un territorio donde ni siquiera los técnicos hemos sido capaces de consensuar unas claves, grafismos apropiados y definiciones conceptuales únicas inteligibles y válidas para todo el territorio, sin perjuicio de su exportación al derecho europeo como correspondería a quienes, quiérase o no, han participado de forma notable en las actividades urbanísticas y residenciales sobre el territorio europeo, tanto desde la óptica creativa como desde la del regulador administrativo.

6) Y, finalmente, reconocer que hasta hace bien poco, a nuestras escuelas solo parecía preocuparles la formación para la edificación, olvidando todas las especialidades y subespecialidades que podían desprenderse de unos estudios técnicos y humanísticos y que desgraciadamente han ido siendo copadas por diferentes profesionales procedentes de otras formaciones, con el consiguiente desprendimiento por nuestra parte.

Imagen de dmartin
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#3 Brillante reflexión desde la experiencia!! Gracias por la aportación.

Al leer el artículo presente, he recordado todo lo sucedido desde que comencé la carrera. Y de ahí la propuesta de repensar, para evitar que quienes nos sucedan recaigan en los mismos errores.

1)A mi juicio, nuestro problema profesional arranca con la aprobación de la "Ley de Reforma de las Enseñanzas Técnicas", aprobada hacia 1964 con el único fin de aparentar una sociedad tecnificada y para la cual fueron creadas titulaciones fantasmas que iban a suponernos una competencia desleal. Nadie se opuso, en unos momentos de cierta ilusión paneuropea. Pero basta comparar los ratios arquitecto/población, no sólo con nuestro entorno inmediato sino incluso a nivel mundial, para darse cuenta del fenómeno inducido, sin perjuicio de otros inputs que ahora no vienen al caso.

2) Desde mi ya lejana colegiación (1970) he mantenido el criterio por el que los Colegios debían olvidarse de la defensa de la sociedad y limitarse a la de sus colegiados, al modo que venían y vienen practicando los sindicatos y patronales con sus afiliados, con total independencia de la sociedad en la que se incardinan e inmunidad frente a sus actuaciones.

3)También anuncié el error que para mi suponía la creación de una aseguradora destinada a cubrir exclusivamente el riesgo de un colectivo reducido, gravemente penalizado y, por ende, rechazado por el propio sector, sin atender a los principios mínimos de la prudencia que exigían una amplia cartera de inscritos, unos riesgos admisibles, temporales y ponderados, junto a la máxima diversificación de los mismos, para evitar lo que ha venido en denominarse alta concentración de riesgos. Pero en el país del "Que inventen ellos!" lo cierto es que ni siquiera hemos sabido copiar de ellos.

4) Tras la aprobación de la LOE y del subsiguiente CTE decidí, contra la opinión mayoritaria de los colegas y las críticas de pesimismo que me vertieron, dejar de proyectar confiando que la inercia en la terminación de los trabajos en curso al amparo de los regímenes transitorios, coincidiría temporalmente con mi ya próxima jubilación. Estaba convencido de la crisis que se avecinaba (pero que no asumí, a pesar de abandonar sectores tan importantes como la Tasación)se agravaría con los incrementos de los costes de producción de obra nueva bajo el nuevos régimen de la LOE-CTE y que estimaba, de forma intuitiva en un 20-30% de los habituales al momento, al tiempo que el Ministerio divulgaba análisis que intentaban justificarlos en unos incrementos inferiores al 1%. Todos ellos (sobretitulación, sobrevaloración, sobreproducción y sobrecostes futuros), fueron los catalizadores de una crisis anunciada que nadie quiso reconocer, y que se atribuye al exitoso desarrollo económico, a la demografía de importación y a una burbuja financiera o inmobiliaria, según quien la analice.

5) Peor que la burocracia a la que se refiere el colega Julio Gómez es la dispersión de la normativa en un territorio donde ni siquiera los técnicos hemos sido capaces de consensuar unas claves, grafismos apropiados y definiciones conceptuales únicas inteligibles y válidas para todo el territorio, sin perjuicio de su exportación al derecho europeo como correspondería a quienes, quiérase o no, han participado de forma notable en las actividades urbanísticas y residenciales sobre el territorio europeo, tanto desde la óptica creativa como desde la del regulador administrativo.

6) Y, finalmente, reconocer que hasta hace bien poco, a nuestras escuelas solo parecía preocuparles la formación para la edificación, olvidando todas las especialidades y subespecialidades que podían desprenderse de unos estudios técnicos y humanísticos y que desgraciadamente han ido siendo copadas por diferentes profesionales procedentes de otras formaciones, con el consiguiente desprendimiento por nuestra parte.

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La profesión de Arquitecto en la encrucijada

Ante esta encrucijada cual puede ser la salida...tengo varias preguntas:
ya hay muchos compañeros fuera, será la única solución?
Son necesarios tantos Colegios Profesionales y que solución proponen estos?
Cómo detener el ahogo por el seguro de Responsabilidad civil?

Imagen de dmartin
La profesión de Arquitecto en la encrucijada

#4

#4 Gracias por el comentario América. Salir fuera puede ser enriquecedor y lo digo desde el conocimiento de la situación puesto que tengo familia fuera. Lo que es muy triste es que sea la única alternativa...ojalá tuvieramos la solución al respecto pero seguiremos intentando pelear.

Con respecto a los colegios tengo que decir que creo que se han funcionarizado en exceso en estos años de bonanza y como colectivo no hemos sabido controlar y regular a nuestros organos de representación. Adicionalmente como colectivo parece que seguimos siendo conformistas con respecto a algunas cuestiones...si nuestros colegios no nos gustan tenemos la obligación de cambiarlos y ponerlos de nuevo exclusivamente a nuestro servicio!!

Los seguros de responsabilidad civil son una losa dificil de solucionar. Nosotros mismos estamos haciendo averiguaciones sobre las nuevas posibilidades (aseguradoras más globales tal y como comentaba Enrique Cruzate) y trataremos de informar al respecto próximamente.

Ante esta encrucijada cual puede ser la salida...tengo varias preguntas:
ya hay muchos compañeros fuera, será la única solución?
Son necesarios tantos Colegios Profesionales y que solución proponen estos?
Cómo detener el ahogo por el seguro de Responsabilidad civil?

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