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El Museo Kolumba de Peter Zumthor (II): la experiencia del recorrido

El arquitecto suizo diseña un recorrido interior basado en la búsqueda de la verdad a través de la religiosidad, el conocimiento y el arte. En este recorrido, las ruinas de la iglesia de Santa Columba nos recuerdan la capacidad humana para dar continuidad a los símbolos que nos identifican, por encima de la destrucción y la catástrofe.

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El arquitecto suizo diseña un recorrido interior basado en la búsqueda de la verdad a través de la religiosidad, el conocimiento y el arte. En este recorrido, las ruinas de la iglesia de Santa Columba nos recuerdan la capacidad humana para dar continuidad a los símbolos que nos identifican, por encima de la destrucción y la catástrofe.

Como veíamos en el capítulo anterior El Museo Kolumba de Peter Zumthor (I): ciudad y memoria, el arquitecto Peter Zumthor parte de la búsqueda de un nuevo orden que dé forma y sentido a la compleja y heterogénea realidad de las ruinas de la iglesia de Santa Columba, en Colonia, para convertirla en un espacio expositivo. Para ello, indaga en las conexiones antropológicas que van más allá de los datos históricos del lugar haciendo que el visitante se sumerja en los recuerdos, pero también en las propias sensaciones que el paseo en el interior del museo les ofrece. La experiencia de su recorrido, que se centra en la búsqueda de la espiritualidad a través del conocimiento, el arte y la fe, supondrá una transformación en el visitante que accede al edificio con una información dispersa y fragmentada. Como si de un puzle se tratara, los pedazos históricos y las obras de arte se recomponen y fusionan en el interior a través del orden de la arquitectura.

 

Plantas del Museo Kolumba, Peter Zumthor
Plantas del Museo Kolumba, Peter Zumthor

 

Secciones del Museo Kolumba, Peter Zumthor. Imagen de Peter Zumthor&Patner
Secciones del Museo Kolumba, Peter Zumthor. Imagen de Peter Zumthor&Patner

 

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Interior de la capilla de la Virgen de las Ruinas. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

Desde un punto de vista morfológico, recorrido y programa se organizan en tres estratos principales que se superponen. El estrato inferior, en contacto con el suelo, debe incluir la densa capa arqueológica que se convierte en parte fundamental de las obras de arte expuestas en el museo. En esta parte, el programa se concentra en unas cajas de servicio que nos separan del exterior y que permiten tener un espacio diáfano y libre para recorrer las ruinas. Este planteamiento supone una inversión del espacio por parte de Zumthor que, emulando a los arquitectos alemanes de posguerra R. Schwarz, Josef Bernard y Karl Band, genera una envolvente que abraza al edificio preexistente generándose un nuevo interior. Como ocurre en la catedral de Siracusa, Zumthor da la vuelta al espacio a través de la creación de una nueva piel que rodea a la capilla de la Virgen de las Ruinas, manteniendo el acceso desde la calle para que su uso como lugar de culto permanezca en el lugar.

 

Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de COAST Studio
Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de COAST Studio  

 

Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez
Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de COAST Studio
Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de COAST Studio  

 

Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de COAST Studio
Interior de Museo Kolumba (planta 0), Peter Zumthor. Fotografía de COAST Studio 

 

El siguiente estrato en el camino ascendente hacia el conocimiento es un espacio para la introspección y el reencuentro con uno mismo. A diferencia del anterior nivel, donde la multitud de estímulos visuales nos hacen mantener la mirada focalizada en la arquitectura que nos rodea, en esta planta nos envuelve la oscuridad y la sencillez de formas. Aquí el visitante asimila el aprendizaje adquirido y lo complementa con las obras expuestas en grandes vacíos, lo que nos devuelve a la soledad, al sentido individual de la percepción.  Una estrecha escalera, de un solo tramo, nos invita a continuar la visita en el siguiente nivel del que emana la luz a alcanzar.

 

Interior de Museo Kolumba, (escalera, planta 1), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez
Interior de Museo Kolumba, (escalera, planta 1), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

Interior de Museo Kolumba (planta 1), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez
Interior de Museo Kolumba (planta 1), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

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Interior de Museo Kolumba (escalera hacia la planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

El último y más alto estrato supone la apertura al mundo exterior a través de las vistas, intencionadamente encuadradas, de la ciudad de Colonia. El observador puede contemplar la ciudad con otra mirada en la que la huella de la antigua iglesia de Sta. Columba ha ganado potencialidad. Las salas de este nivel son amplias y luminosas y, a diferencia del nivel inferior, presentan una textura uniforme en suelos y paredes que se convierten en el fondo neutro de las obras expuestas. El contrapunto vendrá dado por la biblioteca, contenedor por excelencia del conocimiento, cuya verticalidad y e intensa textura de sus acabados hacen que nos traslademos a un templo sagrado.

 

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Interior de Museo Kolumba (planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

Interior de Museo Kolumba (planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez
Interior de Museo Kolumba (planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

Interior de Museo Kolumba (planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez
Interior de Museo Kolumba (planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

Interior de Museo Kolumba (biblioteca planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez
Interior de Museo Kolumba (biblioteca planta 2), Peter Zumthor. Fotografía de José Fernando Vázquez

 

La piel del Museo Kolumba desempeñará un papel fundamental como factor aglutinante en la compleja multitud de elementos arquitectónicos que entran en juego. El ladrillo gris claro, expresamente fabricado para la construcción del edificio, funcionará como lienzo neutro en el que los fragmentos pétreos de las ruinas aparecen como pinceladas de color. Por otro lado, su configuración como muro de fábrica permitirá que la ausencia de piezas deje entrar la luz, convirtiéndose en una celosía que filtra parte del espacio exterior. Los detalles en acero que se combinan con los revestimientos de ladrillo hacen de broches monumentales en la fachada para recordarnos que el espacio expositivo no sustituye la función original de templo. Por último, el juego de diversas permeabilidades a través de los huecos y los materiales elegidos para las distintas partes del museo favorecerán la idea de continuidad entre pasado y presente, entre edificio y ciudad.

 

Interior de Museo Kolumba (planta 1, área arqueológica), Peter Zumthor. Fotografía de Helene Binet
Interior de Museo Kolumba (planta 1, área arqueológica), Peter Zumthor. Fotografía de Helene Binet

 

Exterior de Museo Kolumba (detalle de puerta), Peter Zumthor. Fotografía de Coast Studio
Exterior de Museo Kolumba (detalle de puerta), Peter Zumthor. Fotografía de Coast Studio

 

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Exterior de Museo Kolumba (detalle de puerta), Peter Zumthor. Fotografía de Coast Studio

 

Imágenes de este artículo:

José Fernando Vázquez, Coast Studio, Helene Binet

 

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