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Frente a la planificación de las ciudades nos encontramos con el fenómeno del decrecimiento urbano.


Todos hemos oído hablar de casos como el de Detroit, Cleveland o Búfalo, como ciudades que tras una época de esplendor dedicada a la industria del automóvil, el acero o la industria pesada respectivamente, ahora ven menguar su población de manera alarmante. Pero este fenómeno, está ocurriendo en muchas ciudades del mundo, se las suele llamar shrinking cities, algo así como ciudades menguantes.



Este es un fenómeno que se produce por una serie de procesos o la interacción de los mismos como pueden ser el declive económico, la emigración, los problemas medioambientales o determinados cambios en los sistemas políticos. El indicador principal es una drástica pérdida de población.



El caso de Detroit es el más conocido, esta ciudad, aunque fundada en 1701 se reproyectó por completo en 1805 después de un incendio por Augustus Woodward basándose en una malla ortogonal recorrida por diagonales.



A finales del s. XIX vivió su revolución industrial por ser centro de producción del medio oeste gracias a la extracción de materias primas y por concentrar capital humano que desarrollaba la industria del ferrocarril y, a principios del s. XX, se había convertido ya, en la capital mundial del automóvil.



A lo largo de los años 50, las fábricas se desplazan a la periferia de las ciudades, se deslocalizó la producción y con ello la población de clase media y alta también abandona el centro y se establece en núcleos en el extrarradio. La ciudad sufrió segregación social y disturbios sociales que agravaron el éxodo de su población. Detroit pasó de ser la cuarta ciudad más poblada de EEUU en 1950 a la más pobre junto a Nueva Orleans en el año 2000 (téngase en cuenta que las ciudades estadounidenses se autofinancian en cuanto a equipamientos y servicios públicos, y Detroit se ha declarado en bancarrota)



Se pueden ver fotografías (360º) de las ruinas de Detroit aquí



En el documental ‘Detropia’ se analiza la situación de la ciudad desde diferentes ciudadanos.



 




 



La especialización funcional que la hizo crecer hace tremendamente difícil su regeneración. Las iniciativas que se han emprendido en este sentido para readaptar la ciudad a las nuevas circunstancias se han basado en la demolición, en algunos casos de edificios que constituían el patrimonio y la memoria de la ciudad, tal es el caso del Tiger Stadium o de los hoteles Madison-Lenox, Tuller y Statler Hilton. Otros, están en peligro de desaparecer por el estado de abandono en el que se encuentran, como los hoteles Eddystone y Lee Plaza.





O reducir el tamaño de la ciudad, concentrando población y servicios, ante la imposibilidad de mantenerlos.



Iniciativas como Detroit Works Project, creado en 2010 con el Detroit Collaborative Design Center, pretenden reunir a los agentes sociales para consensuar las actuaciones a seguir para salvar el futuro de la ciudad.



El 28 de marzo se anuncian los ganadores del concurso “Detroit Station for the Arts” para transformar la estación de tren de la ciudad en un equipamiento que albergue diferentes actividades.





¿Quién nos enseñará a desmontar una ciudad?

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