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Publicamos hoy la primera parte de un recorrido por la interesante capital  danesa. La ciudad vista con los ojos de un arquitecto español. 

Durante los años noventa, los profesionales españoles, holandeses y suizos, fueron un referente global de la buena arquitectura. La primera década del siglo XXI, sin embargo, está siendo marcada por el auge de la arquitectura danesa, que ha cogido el relevo. Nada es casual. España, durante los años 90, generó casi la mitad de la construcción de viviendas del conjunto de países  de la UE, y un tercio de la obra pública. Veníamos de una carencia crónica de Edificios dotacionales y pasamos en una década a encabezar el ranking de polideportivos, museos, centros de salud, etc.

El fenómeno holandés, como el suizo, no fue exactamente igual. Los grandes despachos profesionales  de esos países destacaron, fundamentalmente, realizando macro proyectos fuera de sus países respectivos.

Ahora es el turno de los daneses. Nuestros colegas nórdicos están triunfando en los grandes concursos internacionales, pero además, su auge está ligado a una profunda transformación urbana en su propio entorno. Merece especial atención el proceso de transformación de la ciudad de Copenhague.

CopenhagenLa capital danesa comienza su historia, como casi todas las ciudades nórdicas, siendo un pequeño poblado de pescadores vikingos. Por su situación estratégica en la gran isla de Selandia, cerrando el estrecho de Oresun, que la separa de la vecina Suecia,  ha sido durante siglos el principal puerto comercial de báltico, cruce de caminos entre los países escandinavos y Alemania. Es importante reseñar que Copenhague pertenecía a la Liga Hanseática.

Copenhagen plano

Nace junto a un importante canal, que separa la ciudad fundacional, de la pequeña  isla de Amager, inicialmente secundaría, pero ahora muy protagonista, ya que en su costa comienza el gran viaducto que une Dinamarca y Suecia. Es el rey Cristian IV, en pleno Renacimiento, quien consigue convertir Copenhague en una ciudad rica y poderosa.

La forma geométrica de sus murallas es verdaderamente curiosa.  El baluarte incluye por un lado a la propia ciudad, pero su circunferencia abarca parte  del canal que la separa de Amager que queda así convertido en un auténtico puerto fortificado. Cristian IV comienza la desecación interior de la parte de la superficie acuática encerrada por las murallas creando nuevos barrios al otro del canal: Christianshavn y Nyboder.

La ciudad en los próximos siglos crecerá, como es natural, hacia el interior, con nuevos barrios extramuros edificados en sucesivos ensanches. Igual que en el resto de ciudades europeas, esos ensanches se van superponiendo uno tras otro, conformando la ciudad burguesa con una arquitectura nórdica construida fundamentalmente con el típico ladrillo oscuro, casi negro.

Copenhagen panorama

La fachada al canal, lo que nosotros llamaríamos la fachada marítima, o los ingleses el Waterfront, queda conformada, por el lado de la ciudad por una serie de esplendidos edificios singulares como el Palacio Real Amalienborg que conforma una plaza octogonal, el Palacio Crhistianborg, sede del Parlamento, o el antiguo edificio de la Bolsa ( Borsen) con su original pináculo formado las colas entrelazadas de varios dragones.

Copenhagen

Sin embargo, hasta las recientes actuaciones que vamos a reseñar en el siguiente artículo, la imagen general del Waterfront de Copenhague estaba formado por una serie de docks, almacenes y galpones, alejados por completo de una imagen coherentemente urbana.

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