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El envejecimiento de la población en las ciudades es un hecho ¿cómo es una ciudad que se adapta a esta evolución?

La OMS inició en el año 2005 el proyecto de Ciudades Amigables con las Personas Mayores. Las ciudades crecen, y con ello, su proporción de residentes de 60 años y más, aumenta, sobre todo en Europa. Una ciudad amigable con los mayores alienta el envejecimiento activo mediante la optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida a las personas a medida que envejecen. Dado que el envejecimiento activo es un proceso que dura toda la vida, una ciudad amigable con los mayores no sólo es amigable con las personas de edad.

En 2007 editó una guía dirigida principalmente a los planificadores urbanos, a partir del estudio con grupos en 33 ciudades en todas las regiones de la OMS. Las áreas que se estudiaron fueron las siguientes:

Transcribimos aquí, algunas de sus conclusiones:

“El paisaje de la ciudad, sus edificios, su sistema de transporte y vivienda contribuyen a una movilidad confiada, una conducta saludable, participación social y autodeterminación o, contrariamente, al aislamiento temeroso, la inactividad y la exclusión social. La existencia de una amplia gama de oportunidades para participación social integrada con otras edades y dirigida a grupos de edad específicos fomenta fuertes lazos sociales y la autodeterminación personal. La autodeterminación y la autovaloración se ven reforzadas por una cultura que reconoce, respeta e incluye a las personas mayores. La disponibilidad de información relevante en formatos apropiados también contribuye a la autodeterminación personal, así como a tipos de conducta saludables. La existencia de servicios de salud accesibles y correctamente coordinados tiene un impacto evidente sobre el estado de salud y la conducta de salud de las personas mayores. Aunque las oportunidades para trabajo remunerado en los entornos urbanos están vinculadas a los determinantes económicos del envejecimiento activo, las políticas dirigidas a reducir las desigualdades económicas en el acceso a todas las estructuras, oportunidades y servicios de una ciudad revisten aún mayor importancia.” (…)

“El reconocimiento y respeto por la diversidad debería caracterizar las relaciones sociales y de servicio tanto como a las estructuras físicas y los materiales. Los participantes de este proyecto de la OMS ponen en claro que el respeto y la consideración por el individuo deberían ser valores primordiales en la calle y en el hogar, en los servicios públicos y comerciales, en entornos de empleo y de cuidado.” (…)

“En base a lo informado por las personas mayores y otros participantes en el proyecto, surge como un elemento vital la acción conjunta que respete las siguientes relaciones:

- La vivienda debe ser considerada en relación a los espacios al aire libre y el resto del entorno edilicio, de modo que las viviendas de las personas mayores estén ubicadas en zonas resguardadas de los desastres naturales y cerca de los servicios, de otros grupos generacionales y de las atracciones cívicas que los mantienen integrados con la comunidad, dinámicos y en buen estado.

- Los servicios y las infraestructuras de transporte siempre deben estar vinculadas a las oportunidades para participación social, cívica y económica, y al acceso a los servicios de salud esenciales.

- La inclusión social de las personas mayores debe estar dirigida a los ámbitos y los roles que conllevan poder y estatus en la sociedad, como la toma de decisión en la vida cívica, el trabajo remunerado y la programación de los medios.

- Dado que el conocimiento es clave para la autodeterminación, debe haber información sobre todos los aspectos de la vida en la ciudad disponibles para todos en todo momento.”

A nivel de España, en 2011, se edita el “Libro Blanco del Envejecimiento Activo”, del Imserso y del Ministerio de Sanidad. En España, hay 70 ayuntamientos participantes. Para formar parte de esta red, una vez solicitado, las ciudades deben emprender un ciclo de mejora continua. Por ejemplo, en abril de este año, Valencia, con más de 200.000 personas mayores de 60 años, aprobó la adhesión a esta red, desde entonces, el trabajo a desarrollar, se estructurará en cuatro fases:

La primera fase, planificación, durante un año aproximadamente se realizará un diagnóstico y evaluación dirigido a redactar un plan de actuación e indicadores que reflejen la evolución de la ciudad en este campo. Esta fase se realizará con la colaboración del Instituto Universitario de Desarrollo Local de la Universitat de València y con grupos de enfoque integrados por personas mayores.

La segunda fase, consiste en la ejecución de las acciones que se deriven del plan de actuación. La tercera, en la evaluación, que permitirá a la OMS la validación de la evolución y la cuarta, el seguimiento y la mejora.

En el marco de sus actividades para la difusión y formación sobre este proyecto, el Imserso organizó el pasado 20 de octubre la Jornada “Cómo ser una ciudad amigable con las personas mayores” en Zaragoza, con la colaboración del Ayuntamiento de la ciudad.

© Organización Mundial de la Salud

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