ARQUITECTURA CERÁMICA

Centro Cultural La Gota en Cáceres, de Losada García Arquitectos

Un sistema industrializado flexible de láminas cerámicas cubre los volúmenes que configuran el edificio tamizando la luz que llega a los espacios interiores.

Centro Cultural La Gota en Cáceres, de Losada García ArquitectosCentro Cultural La Gota en Cáceres, de LG Arquitectos. Fotografía: Miguel de Guzman.

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Un sistema industrializado flexible de láminas cerámicas cubre los volúmenes que configuran el edificio tamizando la luz que llega a los espacios interiores.

El Centro Cultural La Gota, de Losada García Arquitectos, compuesto por Alberto García Jiménez y Ramiro Losada Amor, está ubicado en Navalmoral de la Mata, Cáceres. Se trata de un edificio híbrido para espacios expositivos que pretende crear un nuevo foco de centralidad urbana, proyectando identidad en la localidad.

El Centro acoge una sala temporal, la exposición permanente de la pintora Sofía Feliu y el Museo del Tabaco. La geometría del Centro se atribuye a la formación de la planta de tabaco, con el principio de igualdad y diversidad, que también vemos en estos vegetales -las hojas son iguales, pero distintas al mismo tiempo-. Así, el edificio contiene un fuste, a modo de comunicación vertical y estructura, desde el cual surgen plantas de igual tamaño y morfología, pero con diversidad de altura y caracteres y ligeramente desplazadas.

En el interior, el edificio interpreta de un modo contemporáneo la atmósfera lumínica de un secadero de tabaco a través de un tejido cerámico inspirado en el tradicional aparejo de ladrillo que tienen estos edificios. La luz entra -en aquellos espacios que lo permita el programa- a través de los huecos de la fachada. Esto produce un alzado desmaterializado, de geometrías depuradas, que deja filtrar la entrada de sol a través de sus paredes.

La estructura pos-tensada con la que se ha construido el edificio permite, a través de las armaduras activas, obtener grandes luces y reducción del canto de los forjados. El sistema aumenta la capacidad resistente del hormigón, reduce sus deformaciones y disminuye su fisuración, aumentando así su vida útil. Con todo ello se hace un uso más eficiente de los materiales y una reducción del peso total de la estructura.

Las cinco plantas de las que se compone el Centro se inscriben en cinco volúmenes desplazados y colocados unas encima de otros. Los forjados están escalonados en las áreas donde las cajas vuelan hasta el exterior para crear el efecto de una caja “sobre la otra”. 

La fachada se conforma de una doble piel compuesta por un muro de vidrio y el tejido cerámico denominado FLEXBRICK. Así se crea un colchón térmico que dirige las miradas desde el interior, evita el calentamiento en las épocas estivales y conforma el dibujo de los secaderos de tabaco. El sistema está compuesto por un trenzado de barras de acero en la que se insertan las piezas cerámicas en retícula, lo que permite flexibilidad, polivalencia y variabilidad.

El muro vegetal permite extender el Museo del Tabaco al exterior, siendo un muro didáctico con plantas del tabaco y vegetación de la comarca. Además refrescará el edificio en verano con el consecuente ahorro energético. El Centro deja unos retranqueos con el edificio colindante lo que crea una plaza pública y flanqueada por el muro vegetal en un lado y la malla cerámica en el otro.

La fachada cerámica se divide en módulos de 1.00m y 0.75m que se combinan formando el dibujo exterior que contemporaniza los secaderos de tabaco tradicionales. La malla cerámica se sustenta en unas guías superiores atornilladas al forjado y anclajes puntuales de retención contra el viento en la parte inferior.

Fotografías: Miguel de Guzman.

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