GRANDES DESPACHOS

Arquitectura que renace de sus cenizas. Cabaña en Wyoming, por CLB Architects

Para la reconstrucción de un antiguo refugio de montaña arrasado por el fuego, el estudio norteamericano CLB Architects construye una nueva cabaña que reinterpreta su imagen en el paisaje devastado, aplicando una materialidad que no olvida los efectos del incendio.

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Para la reconstrucción de un antiguo refugio de montaña arrasado por el fuego, el estudio norteamericano CLB Architects construye una nueva cabaña que reinterpreta su imagen en el paisaje devastado, aplicando una materialidad que no olvida los efectos del incendio.

La firma CLB Architects, dirigida por John Carney, Eric Logan, Kevin Burke y Andy Ankeny, con despachos en Jackson Hole (Wyoming) y Bozeman (Montana), proponen en sus proyectos la integración de artesanía y construcción, poniendo énfasis en el tratamiento dado a los materiales.

Un ejemplo significativo es el refugio de montaña, conocido como The Phoenix, ubicado en las Montañas Casper, en el centro del estado de Wyoming (Estados Unidos). Se trata de una antigua cabaña perteneciente a la familia de Eric Logan, uno de los socios de la firma, que fue arrasada por un incendio forestal en el año 2013.

La cabaña original, utilizada como refugio esporádico, fue construida en la década de 1970. Presentaba una imagen tradicional conformada mediante troncos y cubierta a dos aguas. En un terreno en pendiente, la edificación se ubicaba en una pequeña explanada creada gracias a la ligera modificación de la ladera. Se insertaba dentro de un bosque de álamos y pinos, orientada hacia el sur. El incendio forestal arrasó el entorno y destruyó la edificación, de la que sólo se conservó la chimenea.

La reconstrucción del nuevo refugio parte de una postura donde se asume la catástrofe y se replantean conceptos como la integración del volumen en el paisaje devastado, la nueva imagen de la cabaña o la reinterpretación del programa a desarrollar, cuestionándose qué hacer con los restos conservados y las huellas de la destrucción.

En un lugar de difícil acceso, sin cobertura telefónica y sin los equipamientos o servicios mínimos, como electricidad o agua, era inconcebible plantear la construcción de una pieza arquitectónica que resolviera un programa habitacional convencional. La cabaña se plantea como un refugio, como un lugar de uso ocasional, un lugar donde escaparse.

Las necesidades, por tanto, se reducen al mínimo, concretándose en un espacio para contemplar, un punto de observación que posibilita la conexión directa con el entorno y el paisaje circundante. La plataforma creada, protegida como un porche, se cierra en un pequeño espacio que funciona como refugio, donde una estufa de leña permite calentarse o preparar comida.

La cabaña se coloca en el mismo lugar donde se levantaba la anterior edificación, pero se desliza hacia el borde de la explanada existente, sobre la pendiente del terreno. Con su forma alargada y disposición longitudinal, el nuevo volumen adquiere una mayor presencia en el perfil de la ladera, mejorando las visuales desde el interior de la pieza.

La explanada existente queda ahora a la espalda del refugio, y se convierte en un patio de acceso, permitiendo el estacionamiento de vehículos o la concreción de un espacio de alto carácter simbólico gracias a la conservación de la antigua chimenea, salvada de los efectos del incendio forestal.

Los restos de la fábrica donde se levanta la estructura metálica de la antigua chimenea, monumentaliza el elemento, convertido en hito del paisaje, un punto significativo que fija el refugio en el lugar y guarda la catástrofe para el recuerdo. La chimenea genera a su alrededor un punto de encuentro, un lugar de reunión, un hogar al aire libre.

Sobre una retícula de pilares de hormigón y una plataforma de madera, la cabaña se muestra como un volumen prismático perforado por grandes aperturas, que contrastan con las pequeñas ventanas del espacio cerrado de refugio. Su carácter neutro queda definido por los paneles blancos de madera contrachapada. La perfilería de acero galvanizado se completa con cerrajería metálica, sin ningún tipo de tratamiento, que con el tiempo mostrará las huellas del paso del tiempo al oxidarse.

Con un criterio similar, se ha optado por conservar la madera quemada. Los troncos que han sobrevivido al incendio forestal son reutilizados como soportes y vigas de la nueva cubierta. La madera apenas desbastada o limpiada se deja vista, mostrando los efectos del fuego. La arquitectura y su materialidad fijan en la memoria el recuerdo del desastre.

El porche funciona como un espacio exterior a cubierto, un espacio protegido, un vacío desde el que contemplar unas vistas inmejorables, enmarcadas por grandes vanos.

El espacio definido como refugio se abre al exterior mediante pequeñas perforaciones del contenedor, y se conecta con el porche gracias a un panel corredero. En el interior, una bancada y una línea de almacenamiento flanquean la estufa que posibilita pequeñas estancias. El panelado de madera, su color y su veteado generan una sensación de recogimiento y calidez, en consonancia con la madera quemada reutilizada.

En el exterior, un paisaje de árboles muertos domina la visión circundante, un paisaje surrealista e irreal, casi lunar. Cuando se encienda la chimenea, el olor a madera quemada evocará el fuego pasado que convirtió en cenizas la vieja cabaña. Cenizas desde las que renació un nuevo refugio, como un fénix arquitectónico.

Fotografías de Gibeon Photography

http://clbarchitects.com/

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